jueves, 28 de agosto de 2014

NO A DON BELISARIO

Don Belisario es la nueva franquicia de pollos a la brasa, una flamante apuesta del grupo Interbank por ingresar al mercado de la comida rápida (A propósito: Gracias por malograr Bembos). Siendo un plato tan popular y que despierta tantas pasiones es difícil encontrar uno que satisfaga a todo el mundo. Yo me abstengo de hacer ninguna recomendación porque iniciaría un debate interminable. Es que ni siquiera nos ponemos de acuerdo en cuál es la mejor parte: ¿Pierna o pechuga?

La primera impresión que da Don Belisario es buena. El local del ovalo de higuereta  es muy amplio, iluminado y tiene una decoración divertida que presenta  el personaje de Don Belisario, un hacendado que se reencarnó en gallo y que cantaba exclusivamente a la hora de almuerzo. (Ese es el "gran" secreto detrás del nombre de esta franquicia de marras) Para comenzar me decidí por lo básico: el cuarto de pollo a la brasa con papas fritas. ¡Genial! Después de tiempo encuentro un pollo en el punto de cocción adecuado y en el cual el sabor no se queda sólo en el pellejo. El problema fueron los acompañamientos. Esas papas fritas recalentadas no le hicieron ningún favor al plato. El sabor de las salsas, algo básico de cualquier pollería, también dejó mucho que desear.

Afrancesado
Luego, guiado por las bondades que describía su carta, pedí el afrancesado, filete de pollo con champiñones a la crema y tomillo del jardín acompañado de papas del caporal. El filete fue una decepción porque no tenía nada de sazón. Será por haber pasado demasiado tiempo en la congeladora o porque al cocinero se le olvidó la sal y la pimienta. Igual tampoco supo cocinarlo adecuadamente porque la carne estaba completamente reseca. Celebro que quieran salir de las clásicas papas fritas o la ensalada fresca pero estas papas Tumbay estaban ya demasiado arenosas al punto que no se podían comer solas.

Hasta ese momento el almuerzo había resultado una experiencia plana sin mucho que destacar pero dos sucesos cambiaron radicalmente la historia. El primero fue que mi amiga cuando estaba por terminar su ensalada César encontro los restos de un insecto pegados al bol. Pedimos la presencia inmediata del administrador pero se negó a subir y mandó decir que ofrecía cambiar el plato nada más. ¿Candidato al peor administrador del año? Ustedes decidan. Al final se dignó a presentarse pero en un actitud defensiva afirmando en todo momento que era culpa del proveedor y que no cobraría la ensalada. (Gran favor que nos hace, ¿no?). Ejemplo de su proactividad es la escueta respuesta que dejó en el libro de reclamaciones.

Carta con manchas de grasa
El segundo suceso ocurrió un par de horas más tarde en casa cuando sufrí de algunos malestares que no es relevante describir pero que me hicieron entender que en ese local la inocuidad de los alimentos debe ser una expresión desconocida que no figura en sus manuales. Tal vez debí haber desconfiado desde el principio al ver que ni se preocupan de cambiar las cartas con manchas de grasa. Ya una vez dije que la mala comida puede tomarse como una anécdota pero con la salud no se juega y no quiero imaginar que más se podría encontrar en las salsas, en las bebidas o los complementos. Sé que han ganado un premio recientemente pero yo les recomendaría al gerente de la marca visitar su página de Facebook y leer la gran cantidad de quejas sobre la mala atención, el servicio de delivery o la publicidad engañosa.
Volvería: No. Con la salud no se juega.
Escrito por: 

1 comentario:

  1. hay un local cerca de mi casa, solo cruzando la pista en la esquina de 2 de mayo miraflores, en 1 ocasione comi ahi, el anticucho estaba algo seco y su sabor no lo puedo describir pero no me gusto, el chicharron de pollo pasable pero aun asi no tan bueno como otras pollerias, muy caro y solo 2 palos de anticucho con 2 pedazos en cada palo.
    Desde esa vez decidi jamas volver a comer ahi.

    -Esteban

    ResponderEliminar